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“MIERCOLEROS”

(Guía de ferias de Almagro de 2009)

Por Manuel Fernández Arenas. Jefe de la Policía Local

Relatos Anteriores:

Los llamo “miercoleros”; son las personas que todos los terceros días de la semana ocupan nuestro mercadillo. El Rastro de San Juan es un hervidero de hierros, mesas, furgonetas camiones y otros objetos ruidosos y ineludibles para llevar a cabo ese trabajo tan sacrificado y poco gratificante en épocas bajas como las que actualmente vivimos y que, estas personas que se dedican a la venta ambulante, desarrollan. A las siete de la mañana, tanto en días de sol, lluvia, frío o nieve, empiezan a llegar, no le tienen miedo, o mejor dicho, están acostumbrados a las inclemencias meteorológicas; a algunos les oigo decir que lo peor son los días de calor insoportable, otros que son el frío y la lluvia los que no les dejan trabajar. Pero lo peor de todo, dicen la mayoría, es el viento, ese viento que en ocasiones ha desecho su parada o puesto e incluso, la ha hecho desaparecer.

Entre los “miercoleros” se encuentran vendedores de ropa, zapatos, bisutería, marroquinería, fruta, frutos secos, hierbas medicinales, churros,  pollos asados y otros tantos productos algunas veces difícil de saber para qué sirven. Todos intentan brindar a los clientes, y sobre todo a las clientas, que buscan la oferta en estos variopintos puestos. Se preguntarán qué pinto yo entre estas personas, entre las cuales cada miércoles me muevo, a veces a gusto y muchas otras con problemas y conflictos difíciles de resolver.   El Mercadillo es un “micro-lavapiés
madrileño” en el trabajan payos, gitanos, moros, sudamericanos y alguna que otra raza o nacionalidad más, añadiendo todos los que lo visitan.
Entre ellos también se mueven “descuideros” (personas que aprovechan el descuido de las señoras o señores que en su afán de comprar barato, descuidan la cartera o monedero y que éstos se encargan de ponerlo a buen recaudo).  Como encargado de organizarlo y vigilarlo yo me muevo cada miércoles en el “Rastro”; entre las muchas y distintas circunstancias que en el recinto pasan, lo más desagradable son aquellas en las que tengo que levantar algún que otro puesto por no tener licencia el ocupante, ya que conozco y sé de buena tinta, que algunos tienen verdaderos problemas para obtener la licencia correspondiente, ya no por la burocracia de obtenerla, sino por falta de  medios económicos para poder pagar la cuota de la seguridad social  o bien el pago de los metros que necesitan. Muchos días algunos de ellos creen engañarme, otros verdaderamente están pendientes de mí para en cuanto me doy la media vuelta, extender su tenderete; a veces tengo la necesidad de levantarlos, otras si puedo me hago un poco el sueco y los dejo. La verdad es que es difícil ser justo con todos a costa de no dejar algunas necesidades imperiosas de concretos “miercoleros”.

En medio de todo este mundo, también se encuentran los conocidos “top manta”, esas personas de color: senegaleses, saharianos, nigerianos, keniatas, africanos todos, que quizá sean los mas desvalidos, engañados por los poderosos y puestos en los mercadillos para poder llevarse algo a la boca, siempre ilegales y perseguidos por los derechos de autor.  Se dedican a mostrar discos piratas en la calle, generalmente CDs musicales y Cds.
comerciales, para venderlos a precio muy por debajo de los “discos legales”. Esta actividad es ilegal y, en cuanto se acerca un agente de policía, los vendedores recogen su muestrario tan rápido como pueden y huyen.

Un frío miércoles del mes de febrero, ese mes en que dicen todos ellos que es el peor, donde la cuesta de enero se ha dejado notar y las ventas son escasas para apenas poder pagar los impuestos, denunciaron a la policía que había varios “manteros” extendiendo discos de música y películas en el mercadillo y que ya coincidían varios miércoles atrás; esto de alguna forma hacía que las tiendas se sintieran perjudicadas.  Cierto era que los “top manta” existían en el mercadillo y que al paso de los agentes éstos tiran de la manta y se esconden en calles adyacentes para volver a ponerse de nuevo al desaparecer los agentes. Este día encargué a varios policías en labor de paisano dar un pequeño escarmiento a estos singulares y morenos “miercoleros”;  los agentes requisaron a los vendedores ilegales todo el material, llevándolos hasta las dependencias y una vez allí, los dos morenos lloraban y suplicaban que les devolviera la cintas o bien que los detuviéramos y les diéramos de comer. Decían tener hambre y si le requisaba los CDs, no podrían comer.
Recuerdo que uno de ellos apenas hablaba castellano y me llamaba “primo”, me suplicaba con ademanes que yo entendía perfectamente, que toda la manta de discos que los agentes le habían requisado era todo lo que poseían; al pedirles la documentación no me la pudieron enseñar porque no tenían, eran ilegales, sin papeles o como queramos llamarles.

 Como tantas y tantas veces, yo no sabia que hacer: la Ley me decía que debía requisarles el material y detenerlos y después ponerlos a disposición judicial, pues el “top manta” es un delito contra la propiedad intelectual de derechos de autor. A ellos les daba igual, sabían que una vez puestos ante el juez éste los pondría en libertad y de nuevo volverían a su labor, que es para lo que estaban es este país; si los detenía ganarían comida y cama en nuestro calabozo y perderían los discos, pero al día siguiente todo seria igual. “Primo”, me insistían juntándose las manos por las muñecas, haciendo alusión a que los detuviera o bien les devolviera los discos.  ¿Los detuve o no los detuve? No importa, pero si diré que mis compañeros le facilitaron un buen bocadillo a cada uno y los ojos se les aclararon aquellos dos morenos no con más de veinte años cada uno. Después pasó lo que tuvo que pasar. Al día siguiente ellos intentaban vivir, con nuevos CDs en otro mercadillo de otra ciudad.

Yo  personalmente estoy en desacuerdo con esta Ley que enriquece a muchos y que pagan los más débiles. Hay mucha piratería pero esta, aún no hemos sabido identificarla y denunciarla por su verdadero nombre y tecnología. Sólo la identificamos por el color de la piel de los extracomunitarios del “top manta” de nuestras ferias  mercadillos y ramblas. Quizá yo, sea un primo.