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Las piezas de encaje se convirtieron en el regalo estrella de los turistas durante el mes de julio

  • Publicado el Martes, 03 Agosto 2010 00:30

Las ventas aumentan un 15% coincidiendo con el Festival Internacional de Teatro Clásico

El encaje de bolillo es una de las señas de identidad de Almagro y los almagreños. Y eso es algo que saben y valoran los turistas que visitan la localidad durante todo el año. Pero, si hay un mes en el que el encaje se convierte en el regalo estrella ese es el mes de julio. Un mes en el que la ciudad se convierte en escenario teatral las veinticuatro horas del día. Y un mes en el que los visitantes quieren ver teatro pero también el patrimonio artístico y cultural en el que el encaje de bolillo ocupa un lugar preferente. El visitante promedio que llega a Almagro lo primero que hace es conocer el Corral de Comedias y después muestra su interés por el oficio artesanal más almagreño, el encaje de bolillo. El turista visita el Museo Municipal del Encaje de Bolillo y Blonda y se acerca a las tiendas de encaje que hay por toda la ciudad. Durante el pasado mes de julio, el turista ha seguido comprando encaje e interesando por conocer de cerca esta labor textil, aunque la crisis económica también se ha dejado notar.

 

Los comerciantes muestran su preocupación porque las ventas han bajado debido a la crisis. En palabras de Ángela Rozas, empresaria, que cuenta con un negocio de venta de encajes, desde hace 15 años: “Antes se vendía más encaje, la crisis se nota muchísimo”. “Tras la apertura del museo del encaje y blonda añade que “la gente ve las piezas allí y luego acude a comprar, sino el encaje ya elaborado si el picado para hacerlo”.

Otro importante empresario almagreño es Baldomero Manzano que hereda la tradición encajera de su padre y que hoy por hoy continua elaborando picados nuevos. Manzano también ha notado la presencia de la crisis, llegando incluso a señalar que las ventas anuales han bajado un 50%, con respecto a hace cuatro años. También, la artesana María del Carmen Manzano, que regenta Casa Manzano con su hermana Francisca, comenta que la constancia, la innovación y el amor al oficio hace que se sigan vendiendo: “Nosotros abrimos muchas horas durante todo el año y durante muchos días del Festival hemos estado hasta la una de la mañana y eso facilita la venta, dice María del Carmen Manzano. Para esta empresaria, que heredó la pasión por el encaje de bolillos y blonda de su padre, el diseñador de picados, José Manzano Torres, la mejor época de venta es Navidad: “El encaje es un regalo que no pasa de moda”.

A pesar de la crisis, los turistas siguen comprando y también en julio. Las ventas aumentan un 15% en comparaciones a meses anteriores, comentaron empresarios del encaje almagreño. Las piezas más demandas son las de pequeño tamaño como los pañuelos, pañitos, bolsitas para flores secas aromáticas… pero también se interesan por otros trabajos como las mantelerías o la mantilla.

Tradición centenaria

El encaje de bolillo ha estado presente en la cultura almagreña desde el siglo XIX. Alcanzó su mayor auge a mediado de este siglo “gracias al establecimiento en nuestra localidad de una fábrica para hacer encajes de hilo y seda creada por Manuel Fernández y su mujer Rita Lambert” apunta Manolita Espinosa en su libro Encaje de bolillo y blonda de la ciudad de Almagro. El Ayuntamiento de Almagro, consciente de la importancia del encaje de bolillo, en 2004 asume la responsabilidad de rescatar la memoria histórica, conservarla, mostrarla y difundirla mediante la creación de un museo del encaje y blonda. Esta institución muestra piezas que forman parte de los fondos del propio museo, pero también expone piezas heredadas y cedidas, puntualmente para las exposiciones que cada tres meses cambian. En cualquier caso, todo lo que se exhibe son piezas muy valiosas y en muchas ocasiones guardan gran valor sentimental, ya que estas piezas exclusivas pasan de padres a hijos generación tras generación.

El museo del encaje y blonda resulta de indispensable parada para todos los turistas que visitan nuestra ciudad, tanto es así que recibe más de 10.000 visitas al año, según señala Amparo Díaz, vigilante del museo. En el intento de conservar la tradición, a través de esta institución, se imparten clases de blonda y encaje, concretamente durante este mes de julio se está llevando a cabo un curso infantil. Además, durante todo el año se ofrece un curso de blonda para todo aquel que quiera aprender o perfeccionar este arte. El pasado almagreño es, quizás, el mayor activo de la ciudad. Su tradición, artesana y artística, está muy presente hoy en día. El presente encajero depende mucho de la conservación del patrimonio de la localidad. Y cada turista que se acerca a comprar una pieza de encaje, hecha siguiendo el laborioso proceso tradicional, contribuye a que el pasado se haga presente, especialmente en julio, cuando en Almagro el Festival de Teatro anima las calles y las llena de visitantes.