Martes, 07 Julio 2020
A+ R A-

Hemeroteca Años

El cultivo de la patata en la Mancha en 1797, según el presbítero almagreño Miguel López del Hoyo y Guerra

  • Publicado el Viernes, 15 Enero 2016 13:02

PATATAS

 

Arcadio Calvo Gómez
Cronista Oficial de Almagro

La creación de las Sociedades Económicas a finales del siglo XVIII vino a coincidir con el inicio de la generación del cultivo de la patata en España y con su aceptación como alimento humano. En esta tarea los Amigos del País tuvieron sus mejores aliados en los curas párrocos de los pueblos de España cuya labor quedó reflejada en el Semanario de Agricultura y Artes”; como comprobaremos por nuestro paisano el presbítero Miguel López del Hoyo y Guerra en 1797.

Es muy probable que esta planta fuese importada en el siglo XVI de Perú a España por los navegantes españoles. En el XVIII la provincia de Ciudad Real era una importante productora de patata cosechando en campaña 275.000 arrobas; siendo a finales del mismo siglo muy apreciadas las de Almagro y Valdepeñas. “Por Despeñaperros las patatas de Almagro y Valdepeñas bajaron hacia Andalucía, arraigando en los primeros pueblos de esta ruta.” A partir de ahí su difusión fue masiva a muchas otras partes de España, conociendo gran expansión.

Sobre este producto hubo en un principio bastante reticencia por parte de las gentes, atribuyendo a su consumo males como: la lepra y las fiebres. Pero las hambrunas entre 1750-1820, a causa de la escasez de alimentos y la carestía de los cereales pronto se desecharon estos prejuicios y el consumo de la patata como alimento humano tuvo gran incremento. Prueba de ello, nos dice nuestro paisano; que con las patatas se hacían, pan y “tortas que salen muy buenas y esponjadas quando tienen la mitad de harina” (receta que habrá que experimentar en casa).

López del Hoyo expone un interesante método para cultivar la “solanum tuberosum”, método, lógicamente de aquellos años. Por esta razón, y como documento curioso; a pesar de ser un texto algo extenso, creo que vale la pena publicarlo completo, tal y como salió un jueves 16 de noviembre de 1797 en el Semanario de Agricultura y Artes. El actual agricultor almagreño podrá comparar si este, dos veces centenario método de cultivo puede tener semejanza con el que se lleva en nuestros días. Don Miguel López del Hoyo y Guerra, Presbítero en Almagro, dice que “las papas (así llaman muchos a las patatas) discretas, que tienen este nombre a fin de distinguirlas de las tontas o morunas, se siembran preparando la tierra con una manta de basura no muy fuerte ni abundante, y luego se le da la primera reja por Noviembre o Diciembre lo más tarde; la segunda por Enero y otra por Febrero; y a últimos de Marzo que es cuando se siembran se les dan dos rejas, y al instante se comienza a sembrar.

Desde últimos de Marzo hasta últimos de Abril dura la sementera, y si el tiempo fuese favorable no dañará sembrarlas desde mediados de Marzo; no se riega entonces la tierra, porque tiene todavía bastante xugo; siembrase hechas pedazos, dexando en cada uno una coyuntura, a un pie de distancia unos de otros; los labradores llaman sembrar al golpe, esto es levantando con el azadón un poco de tierra y plantando en el hoyo la patata. Luego que nace se la da la primera caba, procurando dexar la planta bien abrigada con tierra, y así queda hasta mediados de Mayo, en que si el tiempo está seco se le da principio al riego, precediendo una cava para quitar todas las yerbas que puedan perjudicar a la planta: síguense regando de quatro en quatro o de cinco en cinco días.

En esta planta solo conocemos dos enfermedades; a la una la llaman clavillo o alfilerillo: que consiste en salir de la raíz de la misma planta algunos tallos que atraviesan el fruto y le dejan desmedrado: no es muy frequente esta enfermedad, ni se advierte por lo común en las tierras nuevas; a la segunda la llaman telaraña, que es quando se seca toda la planta y se cubre con una especie de tela de araña; entonces no tiene remedio, a no ser que llueva y vuelva en sí tal qual planta. Este mal me aseguran que nace de la falta de agua, pues en regándolas en los intermedios que he dicho, no se verifica nunca, aunque le padezcan todos los papares vecinos. El fruto se coge desde mediados de Octubre hasta mediados de Noviembre, si es que no hiela; porque si helase no se debe esperar tan tarde, que un hielo fuerte es capaz de perder la cosecha. Cada obrada de tierra puede tener a lo menos mil eras, cada era da una arroba de papas, con que cada obrada produce mil arrobas poco más o menos.

Aquí no se consumen las papas sino para alimento de las gentes, y se ha hecho muchas veces pan de ellas, y tortas que salen muy buenas y esponjadas quando tienen la mitad de harina de trigo. En quanto a las papas tontas o morunas, que no se han conocido aquí hasta de catorce a quince años (¿1784?) a esta parte, que las traxeron de Murcia o Valencia, se guardan las mismas reglas para su cultivo, y padecen las mismas enfermedades, bien que la telaraña es muy rara vez. Y quando se descuidan mucho los papares, son más abundantes que las otras, y se han cogido aquí papas de seis y siete libras. En los principios no tenían buen comer, pero ya casi no se diferencian de las discretas. Las siembran muchos en Febrero y las cogen en Agosto; y aunque no salen grandes, les valen más a causa de adelantarse su cosecha a las otras. Me dicen que las discretas se pueden sembrar y coger en la misma época. Con las tontas se engordan cerdos cociéndoselas con mitad de harina, salvado u orujo y también las comen solas. No se ha probado todavía el darlas a pasto a los burros, caballos etc.pero las comen bién. Como esta clase produce más y tiene menos contingencias que la discreta, se siembran ya aquí de ella de quatro partes las tres.”(*)

De esta manera, nuestro paisano nos da idea de cómo se debían cultivar las “papas” en Almagro en el siglo XVIII; además de darnos a conocer la procedencia de otra variedad de solanácea que se introdujo en nuestra localidad como fue la patata “tonta o moruna”, procedente de Murcia o Valencia.
(*) Semanario de Agricultura y Artes 1797- tomo II, p.307-308