Corrales de Comedias estrena este sábado los entremeses de Cervantes

Corrales de Comedias estrena este sábado los entremeses de Cervantes

“La guarda cuidadosa” y “La cueva de Salamanca”

Cumpliendo todas las medidas sanitarias, Corrales de Comedias presentará este sábado 14 de noviembre a las 19:30h “La guarda cuidadosa” y “La cueva de Salamanca”, de Cervantes, bajo la dirección de Javier Mañón. La compañía almagreña volvió hace quince días al escenario del Corral tras el parón motivado por las medidas nivel III adaptadas por Sanidad en la localidad a consecuencia del incremento de casos COVID-19. Este  sábado, C+C, como se le conoce, sube de nuevo a las tablas para representar un clásico. En este caso, dos entremeses de Cervantes que estrenará ante un aforo reducido del 30%.

La Venta anticipada puede realizarse en este link https://www.corraldecomedias.com/programacion.aspx, en el teléfono 926 882 458 de lunes a viernes de 09:30h a 13:30h y en Taquilla del Corral el día de la representación a partir de las 17h. La Programación de Otoño continuará, si las condiciones sanitarias lo permiten, hasta el próximo 7 de diciembre cada fin de semana. Se puede consultar en la web de la compañía https://www.corraldecomedias.com.

Un poco de historia

Miguel de Cervantes Saavedra dio a la imprenta sus Ocho comedias y ocho entremeses nuevos, nunca representados en el año 1616, un poco antes de morir. El epíteto: “nunca representados” lo utilizó el autor debido a que él nunca llegó a verlos en escena. En el caso de los entremeses, se cree que se debió a la duración de estas piezas en la representación (entre 25 y 30 minutos) ya que en aquella época los entremeses duraban entre 8 y 10 minutos puesto que se escribían para ser representados entre los entreactos de las comedias, para dar tiempo a que los actores pudieran cambiar su vestuario y para que el ambiente, por lo general grave, de las piezas largas se distendiese.

El epíteto los perseguiría casi cuatro siglos, puesto que estarían arrumbados, en este tiempo, en bibliotecas y estanterías de libros de eruditos. Solo hasta principios del siglo XX los grandes hombres del teatro romántico de Alemania y Rusia pusieron su atención en el teatro del Siglo de Oro español y entonces tuvieron la oportunidad de llegar a la escena alguno de estos entremeses. Aunque no todos contaron con la misma suerte: La cueva de Salamanca, El viejo celoso, El retablo de las maravillas y La guarda cuidadosa serían los más representados. Después de esto volverían a su España natal de la mano de Federico García Lorca y su teatro La Barraca. Más adelante, algunos estarían en repertorios de teatros universitarios, de compañías privadas, del Teatro de la Abadía, Els Joglars y finalmente en Corrales de Comedias Teatro.

La guarda cuidadosa

Un soldado y un sacristán se disputan los favores de una joven fregona. El soldado, viejo y roto, le guarda la calle a la criada para espantarle a todos los pretendientes inoportunos. Por allí pasará un lamparilla pidiendo para la lámpara de aceite, un mozo vendiendo pasamanería, un zapatero que viene a traer unos chapines para la joven... A todos los espanta. Aparece el amo de casa con quien también se dispone a reñir el soldado porque no lo deja entrar. Llega el sacristán decidido a pasar a la casa, lo que provoca que los tres se enzarcen... Al final, y con la intervención de la señora, la moza decidirá irse con el sacristán como partido más seguro. 

La cueva de Salamanca
Leonarda y Cristina, señora y criada, despiden al señor de la casa (Pancracio) ya que éste se marcha a la boda de su hermana y estará cinco días fuera de casa. Aprovechando la ausencia del marido, invitan esos días a sus amantes, el sacristán y el barbero, a pasarlos en casa comiendo, bebiendo y solazándose. Antes que lleguen éstos, entra en la  casa un estudiante pidiendo albergue. La señora pone reparos pero la criada la convence de tenerlo en casa, porque así les ayudará en las tareas mientras ella disfruta con sus amantes.
Tras una pequeña trifulca, al ver los amantes la presencia del estudiante, se deciden a iniciar la fiesta, cuando aparece a la puerta de la casa el marido que, al romperse una rueda del carro, decide volver a su casa. El estudiante toma la iniciativa y hace creer a Pancracio que él con un hechizo puede hacer aparecer demonios. Los amantes, escondidos en la carbonera se disfrazan de tales, creyendo Pancracio que son tales, teniendo lugar un final feliz.